miércoles, 11 de enero de 2012

SAN ANTONIO DE PADUA


San Antonio de Padua:

"NUESTRO VERDADERO INTERPRETE ES JESUCRISTO, QUE NOS HABLA DE LA VIDA ETERNA, DE LA QUE NOS OLVIDAMOS CUANDO NOS SENTIMOS ALENTADOS POR LA PROSPERIDAD DE LAS COSAS TRANSITORIAS. LAS COSAS TEMPORALES HACEN OLVIDAR A DIOS"


domingo, 8 de enero de 2012

Milagros Verdaderos Prueban la Religión Católica

POR SER FUNDADA EN MILAGROS VERDADEROS


Cristo y la tormenta en el Mar de Galilea. Rembrandt

61. El 6º es porque se funda en Milagros verdaderos, que sobrepujan toda las fuerzas humanas, desprovistas de poder para efectuar uno solo, y a no ser Dios nadie más los puede obrar.
62. He aquí, pues, que Jesucristo, como narra el Evangelio, curó multitud de enfermos: ciegos, cojos, paralíticos, y dondequiera pasaba predicando el Evangelio curaba toda dolencia, toda enfermedad.
63. Y cuando San Juan envió  preguntar si era Él el Mesías prometido, su repuesta fue decir:Caeci vident, claudi ambulant, leprosi mundantur, surdi audiunt: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan.
64. Respondió, no con palabras, más con hechos deslumbrantes: los MILAGROS, que eran clarotestimonios, contundentes, de su divinidad, apodícticos, pues en las fuerza humanas no hay poder para obrarlos.
65. Y no sólo el Salvador corroboró su doctrina con estupendos milagros, sino los Apóstoles, como Él mismo lo anunció: Amen, amen, dico vobis: Os digo en verdad que el que cree en Mí: Opera quae ego facio et ipse faciet: hará como Yo milagros, Et maiora horum faciet: y aún mucho mayores.
66. Esto se vió en los Apóstoles, como nos narran los Hechos: Per manus autem apostolorum fiebant prodigia magan in populo: por manos de los Apóstoles se hacían muchos milagros y prodigios entre el pueblo. Concurría la multitud de las ciudades vecinas, y les traían sus enfermos y hasta los endemoniados, y todos quedaban sanos.
67. Y aún añaden que era tanta la multitud, que sacaban a las calles a los enfermos, poniéndolos en camillas, para que, pasando Pedro, su sombra al menos tocase a algunos, y de este modo quedasen curados de sus dolencias.
68. Pues esto ¿no manifiesta una verdad divina? De San Pablo y Bernabé, al verle curar un cojo en Listra los licaonios los apedillaron dioses.
69. Y en Malta, cuando aportó, los que primero juzgáronle y creyeron homicida, por haberseenroscado una víbora en la mano, al ver que no se le hinchaba , ni de repente murió, del reptil emponzoñado, llamaron después Dios.
70. Pues ¿que dirían si vieran a Él y a los otros Apóstoles hacer tanta multitud de milagros como hicieron? Luego nuestra Religión se demuestra verdadera, por tantísimosMilagros, que no se podían hacer por virtud humana, sino por la divina.
71. Ni se acabó esta virtud por Pablo y demás Apóstoles, sino que se ha concedido a Varones Apostólicos, de singular santidad, como a San Gregorio Papa, San Gregorio Tramaturgo, San Antonio, San Vicente y San Francisco Javier, que han hecho grandes milagros, verdaderos, no fingidos.
72. Primero, por ser escritos por gravísimos Autores, como San Buenventura, San Bernardo, San Gregorio. Y ¿quién creerá que estos Santos, tan ilustres en santidad y doctrina, que odiaban toda mentira, habían de transcribir, en perjuicio de las almas, tales y tantos milagros, si no fuesen verdaderos? ¿Cómo habían de fingirlos, siendo en materia grave de Religión gran pecado?
73. Segundo, por los testigos en pueblos y Magistrados, que los han atestiguado aún jurando.
74. Tercero, porque la Sede Apostólica, cuando canoniza un Santo, hace rigurosísimo examen acerca de sus milagros y sobre sus circunstancias… y en hallando alguna duda no lo aprueba.
75. Cuarto, porque no hay quien los repruebe por falsos, sino el Gentil, el Judío o el Hereje, que, como con Jesucristo, los ahijan al demonio.
76. Pero  estos calumniadores los convence su mentira. Pues si el demonio aborrece a muerte a la Religión, y se afana en destruirla, ¿cómo había de hacer milagros para, al revés, confirmarla?
77. Quinto, porque los Gentiles, Moros y Herejes no tienen milagros para confirmar sus sectas, porque éstos sólo se hallan en la Religión Católica, nos dice San Bernardino: Nulla gens, nulla secta miracula habet præter fidem christianam, quam semper comitata sunt, como se demuestra al canto.
78. Pues San Basilio rehusó, con ánimo varonil, darse una Iglesia Católica a los herejes arrianos. Concertáronse en cerrarla, y a cuyos ruegos se apoderasen de ella. Estuvieron losArrianos tres días en oración, pero en vano.
79. San Basilio hizo una breve oración; con un báculo liviano llegó y mandó abrir las puertas y al punto le obedecieron y se abrieron, y sin resistencia alguna penetraron los Católicos, con cuyo milagro convirtiéronse muchos herejes.
80. En otra ocasión un hijo de Valente Emperador, estaba moribundo, y le ordenó a San Basilio que hiciese oración por él. El santo le obedeció y empezó su mejoría. Más como el Emperador era de la secta arriana, para que la mejoría no se atribuyese al Santo, ordenó que los Obispos arrianos orasen también por él, y él al punto se murió.
81. Y Estáfilo Baco refiere que el hereje Lutero quiso arrojar al demonio de una discípula suya,poseída por el demonio; pero el demonio no sólo no salió de aquella mujer, sino se volvió contra él, y, si no huyera, en sus manos hubiese perecido.
82. Los herejes, no sólo no hacen milagros, sino procuran fingirlos, pero Dios, permitiendo que se descubra el engaño, los deja, como se merecen, confusos y avergonzados.
83. Selvago A. de Villegas refiere de un cierto Cérula, que con un pobre extranjero se concertó, por dinero, a que se fingiese ciego, y declarase que él, el hereje, le había devuelto la vista.
84. Y de esta manera un día, delante de mucha gente, Cérula dijo que él, en confirmación de que profesaba una doctrina verdadera, daría la vista a un ciego. Hizo oración y mandóle sin más que abriese los ojos, y hallóse que estaba ciego.
85. Comenzó éste a dar voces y a vituperar a Cérula, pidiéndole que le diese la vista que le quitó, y tomase sus dineros, en cambio, que le había dado, porque se fingiese ciego. Con lo que, visto el engaño, quedáronse los herejes confusos y avergonzados, y recobrada la vista, por ruego de los Católicos, el extranjero se hizo en público pregonero de los engaños heréticos.
86. Refiere también Villegas que con un hombre casado, Calvino se concertó a que se fingiese enfermo unos días, y después se hiciese muerto, que su mujer le llorase, señalando día y hora.
87. Acompañado de gente, llegó a tiempo a tal casa, y oyendo los plañideros sollozos de la mujer, que lloraba inconsolable la muerte de su marido, dijo el hereje Calvino:
88. Ahora conoceréis si mi doctrina es de Dios con un milagro estupendo, y el cual será resucitar a este hombre ya difunto. Entrado en casa, se hincó e hizo oración, pidiendo, en comprobación de su doctrina, que Dios hiciese el milagro.
89. Asió del hombre, más éste, como verdaderamente muerto, ni se meneó ni boqueó, a quien en castigo Dios le había quitado la vida, a fin de que la maldad se hiciese patente a todos; viendo muerto a su marido, la mujer, diciendo afrentas y maldiciendo a Calvino, descubrió el pacto y enredo.
90. En estos dos casos vemos que no sólo los herejes no hacían ningún milagro, sino quefingiendo hacerlos, los castigó Dios, haciendo que el que se fingía ciego en realidad lo quedase, y el otro muerto bien muerto.
91. ¿Que mayor comprobación de la falsedad herética? Por consiguiente no hay milagros entre los herejes, y fingiéndolos los castiga Dios.
92. ¿Cómo pues, podrá decirse que su secta es verdadera? Si los que fueron autores de herejías como Lutero y Calvino, no pudieron aún queriendo, obrar milagros, ¿cómo podrán hacerlo sus discípulos?
93. Luego sólo la Católica es la verdadera Religión, pues está ilustrada con Milagros sin guarismo.
94. Pudiera ponerse en duda si los magos y hechiceros, que tenían los Gentiles, en verdad hacían milagros. Eran falsos y aparentes, pues todos los que se hacen con el poder del demonio, son de escasa duración, porque son encantamientos y embelecos con que engañan a los ojos; o, si duran, son por causas naturales, y no exceden a su virtud natural, siendo vanos e inútiles.
95. No, en cambio, así, los milagros de los Santos, que son sólidos, permanentes, verdaderos, y de mucha utilidad, como se vió en Samaría con aquél mago Simón, que con sus artes diabólicas haciendo dizque milagros, traía a los Samaritanos de cabeza, reputándolepor virtud grande de Dios.
96.  Más como allí predicase Felipe el Diácono, confirmando su doctrina con verdaderos milagros, se convirtieron, y el Mago, no sólo se convirtió, sino quedó atónito, aturrullado, pasmado.
97. Porque vio cuan diferentes eran aquellos milagros de los suyos, aparentes, y porque los bautizados reformaban sus costumbres y que el Espíritu Santo descendía visiblemente sobre ellos; y conocía que éste era un nuevo y admirable milagro, y todo divino. Pues ¿que mayor maravilla ni de mayor dignación que Dios Todopoderoso habitara en los hombres y hablara con ellos? Y el ver esto le pasmó, por lo cual se bautizó.
98. Del mismo Mago se cuenta, en la Vida de San Pedro, que tenía con sus hechizos embaucada a toda Roma, y porque se conociese la doctrina verdadera, pactaron que se trajese en su prescencia un difunto y quien le resucitase quedara por verdadero.
99. Hízose así, y si al principio e mago con sus hechizos y artes diabólicas hizo que al parecer se moviese la cabeza del difunto, más el muero quedó muerto y se descubrió el engaño.
100. Oró San Pedro a su turno, y al punto resucitó el difunto, y fue tenido San Pedro por portador de la Verdad, en cambio el mago enojado amenazó remontarse al cielo, para arrojar desde ahí llamas de fuego que quemasen a quienes no le daban crédito.
101. Fijó un día el desafío, y empinado en alto monte le llevaban por el aire los demonios.  San Pedro hizo oración, muy fervorosa al Señor, a fin de que los espíritus infernales le soltasen y le dejasen caer, y al momento sucedió ésto, y el mago se fracturó las piernas, con que no pudo ya andar el presumido, por tierra, que quería volar al cielo.
102. Aquí vemos que no pudo resucitar a un difunto, cuando vemos que los Santos han resucitado a muchos, pues sólo San Luis Obispo resucitó a doce muertos. ¿ Cuántos resucitarían los muchos Santos que hay? Y cuánto más poderosa fue la oración del Apóstol que la presunción del Mago, y la potencia de Dios para derribarle que el poder de los demonios para airearle por las nubes?
103. Más ¿qué mucho sean vencidos al imperio poderoso de la oración los demonios, pueshuyen al ver la señal de la cruz en contra de ellos?
104. ¿Será entonces verdadera la secta donde hay tan flacos o ningunos fundamentos, aún concurriendo el demonio? Luego sólo es verdadera La Religión que se apoya en tan sólidosmilagros, verdaderos, permanentes, y ésta es la CATÓLICA.

lunes, 2 de enero de 2012

CONTRA EL MOVIMIENTO DE PROSPERIDAD


Aquí Benny Hinn, actual referente del Movimiento de Prosperidad, Multimillonario, con Juan Pablo II. Actualmente el "pastor casado" fue sorprendido escandalosamente con otra "pastora" multimillonaria del movimiento; en un Hotel de Italia apropósito de un encuentro en el VATICANO. Googlear: "Benny Hinn millonario"



Aquí Kathryn Kuhlman con Pablo VI, maestra de Benny Hynn

CONTRA EL MOVIMIENTO DE PROSPERIDAD 
Y PROSPERISTAS CARISMÁTICOS "CATÓLICOS" DE TODO TIPO DE CALAÑA


¿Qué mejor enemigo de este perverso movimiento de la prosperidad, judeo-masónico, y el pentecostalismo materialista que se entronizó en la iglesia oficial de Roma, QUÉ MEJOR ENEMIGO, que el mismo Jesucristo, Nuestro Señor? Él mismo denunció el fariseísmo avariento que PIDE MAL, que PIDE PARA ÉSTE MUNDO, pensando SÓLO EN LAS COSAS DE ESTA VIDA y procurando tentar a Dios, tomándolo como títere de sus placeres terrenales. Es por eso que Dios los abandona a sus afanes, a sus dineros y ganancias, al dios de este mundo. Es por eso que "PROSPERAN" y aún se les permite hacer milagros en el Nombre de Cristo; para que TODOS SEPAMOS en el día del Juicio; que DIOS NO LOS CONOCE.

Hijos del demonio, nosotros también nos apartamos de su avaricia...

Mas antes sepan lo que dijo el Alfa y la Omega:

LUCAS 12, 15: 

"Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee".


domingo, 1 de enero de 2012

El Poderoso Nombre de Jesucristo



Dice San Atanasio:

«Venga quien quiera experimentarlo y verá que con solo el nombre de Jesús huyen los demonios, cesan los oráculos, y la magia con sus encantamientos queda confundida»

2012: EL MILAGRO QUE ESPERABAS




SI TU PROBLEMA PARECE INSOPORTABLE, INSUFRIBLE E INSOLUCIONABLE, HAS LLEGADO AL LUGAR CORRECTO.

AQUÍ DIOS Y LA VIRGEN PUEDEN CONCEDERTE EL MILAGRO QUE NINGÚN OTRO FALSO CRISTIANO, ENTREGADO A SATANÁS, PODÍA OFRECERTE.


SÓLO DEJA TU NOMBRE Y TU PROBLEMA.

SEAN LOS MILAGROS PARA PROBAR LA FE DE SIEMPRE, AÚN ANTES DEL GLORIOSO REGRESO DE NTRO SEÑOR JESUCRISTO.

viernes, 30 de diciembre de 2011

HAY UN SOLO BAUTISMO, NO TRES

 

 

Fuera de la Iglesia Católica no hay Ninguna Salvación


por Hno. Pedro Dimond O.S.B.

12. Hay un sólo bautismo, no tres


      Está definido como dogma que hay solamente un bautismo. Esta es la razón de por qué el Credo dogmático de Nicea, profesado históricamente todos los domingos en el rito romano, se lee: “Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados”.  Y este dogma de que hay un sólo bautismo para la remisión de los pecados viene de nuestro Señor Jesucristo y los Apóstoles. San Pablo lo afirma en Efesios 4, 5: “Un Señor, una fe, un bautismo”.  ¿Podría ser posible que haya más de un sólo bautismo para la remisión de los pecados cuando los católicos han rezado y creído por 2000 años que hay sólo uno? No.

Papa Pío XI, Quas primas, # 12, 11 de diciembre de 1925: “En esta perpetua alabanza a Cristo Rey se descubre fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que Legem credendi lex statuit supplicandi.  La ley de la oración constituye la ley de la creencia[1].

      A través de la historia, muchos Papas han reiterado expresamente esta regla de fe: que hay un sólo bautismo para la remisión de los pecados.

Credo Niceno-Constantinopolitano, 381, ex cathedra: “Confesamos un bautismo para la remisión de los pecados[2].

Papa San Celestino I, Concilio de Éfeso, 431: “Después de haber leído estas santas frases y encontrándonos de acuerdo (de que hay ‘un Señor, una fe, un bautismo’ [Ef. 4, 5]), hemos dado gloria a Dios, que es el Salvador de todos…”[3].

Papa San León IX, Congratulamur vehementer, 13 de abril de 1053: “Creo que hay una sola verdadera Iglesia santa, católica y apostólica, en la que se da un solo bautismo y verdadera remisión de todos los pecados”[4].

Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302, ex cathedra: “Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta. (…) Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay ‘un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo’ (Ef. 4, 5)”[5].

Papa Clemente V, Concilio de Vienne, decreto # 30, 1311-1312, ex cathedra: “Puesto que hay tanto para clérigos y seglares, para superiores y súbditos, para exentos y no exentos, una Iglesia universal, fuera de la cual no hay salvación, puesto que para todos ellos hay un solo Señor, una fe, un bautismo…”[6].

Papa Pío VI, Inscrutabile, # 8, 25 de diciembre de 1775: “… Os exhortamos y avisamos que seáis todos de una mente y en armonía mientras lucháis por el mismo objetivo, exactamente como la Iglesia tiene una fe, un bautismo, y un espíritu”[7].

Papa León XII, Ubi primum, # 14, 5 de mayo de 1824: “Por ella estamos enseñados, y por fe divina mantenemos un Señor, una fe, un bautismo, y que ningún otro nombre bajo los cielos es dado a los hombres excepto el nombre de Jesucristo en que debemos ser salvos.  Esto es porque profesamos que no hay ninguna salvación fuera de la Iglesia[8].

Papa Pío VIII, Traditi humilitati, # 4, 24 de mayo de 1829: “Contra estos experimentados sofistas al pueblo debe enseñársele que la profesión de la fe católica es exclusivamente verdadera, como el apóstol proclama: un Señor, una fe, un bautismo (Ef. 4, 5)[9].

Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 13, 15 de agosto de 1832: “Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe,un solo bautismo (Ef. 4, 5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación”[10].

Papa León XIII, Graves de communi re, # 8, 18 de enero de 1901: “De ahí que la doctrina del Apóstol que nos advierte que ‘somos un solo cuerpo y espíritu llamado a la única esperanza en nuestra vocación; un Señor, una fe,un bautismo…’”[11].

      Decir que hay “tres bautismos” como muchos lo hacen por desgracia, es herético.  Hay un sólo bautismo, que se realiza en agua (de fide).

Papa Clemente V, Concilio de Vienne, 1311-1312, ex cathedra: “Además ha de ser por todos fielmente confesado un bautismo único que regenera a todos los bautizados en Cristo, como ha de confesarse un solo Dios y una fe única [Ef. 4, 5]; bautismo que, celebrado en agua en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, creemos ser comúnmente, tanto para los niños como para los adultos, perfecto remedio de salvación”[12].

      Aquí el Papa Clemente V define como dogma que debe ser confesado por todos UN BAUTISMO, que se celebra en agua. Esto significa que todos los católicos deben profesar un bautismo de agua, no tres bautismos: de agua, de sangre y deseo. Confesar “tres bautismos”, y no uno, es contradecir el dogma católico definido. Los que creen que hay tres bautismos (agua, sangre, y deseo), ¿se han preguntado por qué los Papas innumerables veces han profesado que sólo hay un bautismo y ninguno de ellos se ha tomado la molestia de hablarnos de los llamados “otros dos”?


Notas:
[1] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 3 (1903‐1939), p. 273.
[2] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 24.
[3] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 70.
[4] Denzinger 347.
[5] Denzinger 468.
[6] Decrees of the Ecumenical Councils, edición inglesa, vol. 1, p. 386.
[7] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740‐1878), p. 174.
[8] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740‐1878), p. 201.
[9] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740‐1878), p. 222.
[10] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740‐1878), pp. 237‐238.
[11] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 2 (1878‐1903), p. 481.
[12] Denzinger 482.